martes, 27 de diciembre de 2016

DONALD T Por Benjamín Román Abram






Este cuento se inicia con una conversación sobre un posible negocio inmobiliario en Lima, ciudad desolada luego que a mayoría de sus habitantes murieran por un ataque zombi, por ser zombis o por la ofensiva militar...

DONALD T                                                                     
Por Benjamín Román Abram
El magnate inmobiliario, cómodamente sentado en su escritorio de manera alternativa repasaba los planos de Lima y posaba sus ojos sobre las fotos de la misma, proporcionadas por uno de los satélites de su corporación, cuando la voz del capitán anunció solemnemente el próximo aterrizaje del avión privado. Se puso a observar por la ventanilla y se dio cuenta de que habían dejado atrás la capa de nubes que se conocía en Lima como " cielo panza de burro" y que ya podía las alas con su nombre, el océano y una porción de la ciudad. No lucía ordenada y si bien había edificios altos, estos eran más pequeños y menos numerosos que los de otras grandes metrópolis. Al poco tiempo se encendió la luz que indicaba debía colocarse el cinturón. De todas formas su azafata personal tocó la puerta de la lujosa habitación aérea para recordárselo y sin abrirle, le contestó desde una cama, a pesar de su edad, con tono juvenil y socarrón que ya estaba bien sujeto al asiento.
El descenso fue bastante suave, como lo había sido siempre en el Aeropuerto Internacional Jorge Chávez, aunque en el aire era raro el tráfico aéreo y en sus instalaciones no había tiendas libres de impuestos y el personal y movimiento en general eran escasos.
*
«Donald, esta es una oportunidad de oro, la ciudad está casi desierta y sus inmuebles en excelentes condiciones. Los que no murieron por los zombis, lo hicieron por serlos, o por el ataque militar o se alejaron para olvidarse de la pesadilla. A mayor detalle, casi nadie ha reclamado herencias o propiedades y el gobierno peruano está licitando toda la infraestructura libre, que es la gran mayoría. Ese desorden en el que vivían lo arreglaremos con explosivos, aplanadoras, con toda nuestra logística. Levantaremos carreteras hoteles, tal vez casinos, y claro, usando las construcciones en buen estado, muchos condominios».
«Donald, lo que me pides es participar en una licitación internacional en la que si ganamos, tendremos que arriesgar miles de millones en capital para comprar un cementerio gigantesco que además recibió un nuevo tipo de bomba de neutrones limpia. Retocarlo y venderlo como una ciudad paraíso a los mejores postores. Es decir, ancianos extranjeros y muy ricos para sus eventuales descansos o en sus retiros permanentes».
 «Donald, solo permíteme agregar, Lima, no es el engaño de Miami, siempre jaqueada por tormentas, huracanes y cambios bruscos de temperatura. Lima es de clima agradable y templado todo el año. Con facilidad de comunicación por mar, aire, tal vez, tierra. Y donde los nuevos habitantes no estarán escuchando de la boca del vecino los problemas del calentamiento global, porque quien venga aquí solo serán los interesados en sí mismos. Esto nos dejará mucho dinero. Te lo puedo demostrar».
«Donald, eso lo sé, nuestros beneficios netos serán de más del mil por ciento. Salvo que nuestra compañía se vea cuestionada, por ejemplo, por una ONG, uno de esos locos colectivos o leyes que vayan contra nuestros intereses».
«Mantienes tu gran poder de comprensión y tu olfato. De esas precauciones me encargo yo, por algo soy un genio del mercadeo y de los contactos. Constituiríamos una inmobiliaria-constructora, solo para esto y no la vincularemos con la corporación, así no perderá valor por algunos quejosos. Respecto a la nueva empresa, tendrá una buena cobertura de seguro. Y para mayor protección, promoveremos que se cree algo así como el “día de la vida” en el mundo. Diremos, y será de corazón, que nuestro ejército no debió trasladar esos nuevos químicos por el cielo de los limeños. Lamentaremos el accidente aéreo que derivó en esa pandemia zombi y tanta gente muerta, y criticaremos con dureza a nuestro propio gobierno. Recalcaremos que fue un gran error el bombardeo posterior, aun teniendo el permiso de las autoridades peruanas provisionales, para exterminar a muertos y vivos de la zona. Que habría que haber estudiado otras alternativas. El broche de oro será ofrecerles algo digno para sus muertos, relanzar Lima y asunto arreglado. Y pienso que estoy sincero, pero esa desgracia no tiene que impedir los negocios. Algo más, China también está interesada en hacer algo semejante allí y no podemos permitirlo ¿o sí?».
«China, China, jamás. Nunca me ha ganado, nunca me ganará. Presenta nuestra mejor oferta. Además, no te olvides de algo, construir un muro que rodee la ciudad, no queremos que cualquiera que no sean buenas personas entre allí».
*
Donald fue recibido en el aeropuerto por Samuel Mariátegui, su gerente general en Perú. Luego de unos minutos subieron a una lujosa camioneta Hummer azul y se alejaron a toda velocidad por el carril libre de la avenida Elmer Fauccet, lo precedían y también seguían, vehículos idénticos, parte de su seguridad que vino en el avión y parte que ya lo esperaba en Lima. En el otro carril estaban acumulados muertos zombis y muertos humanos a la espera que su empresa se hiciera cargo de ellos. Para ser precisos el ofrecimiento era identificarlos, en caso de haber parientes, en el resto del país, informarles para que asistan a la sepultura y realicen las gestiones legales que podría corresponder. Por un momento pensó que si no hubiese pasado varios años del desastre zombi, los desvestiría para vender la ropa en otros mercados, o cortaría sus cabellos para la gigantesca industria de las pelucas postizas. Incluso fantaseó con establecer tiendas especializadas en tonos sutiles, en algunas, variedad de negros, en otras, pelucas rubias. Por supuesto que antes tendría que crear una compañía solo para teñirlas y sonrió ante su fértil imaginación y facilidad para los negocios.
—Así que los chinos, chilenos y franceses quisieron ganarnos, fue brillante ofrecer esa mejora sobre las bases del concurso, y además darse el lujo de pedirle a los peruanos exoneraciones tributarias, pero si localizamos a familiares, ellos pedirán sus herencias ¿Cree que lo podrá hacer en dos años? —dijo Samuel Mariátegui,
—Samuel, no me defraudes. Sepultarlos en algunas hondonadas, claro que sí, pero de lo demás, no tengo ninguna intención, ¿qué más da?, tenemos la buena pro y ellos ya han muerto.
—Señor Donald, nos demandarán por incumplimiento de contrato.
—¿No lo adivinas? Diré que los cuerpos estarán ahí solo mientras avanzamos con el proyecto, que mi intención era cumplir, pero cuando esto llegue a su final, simplemente liquido la compañía.
—¿Liquidación, señor, Donald?
—Liquidación, cierre, quiebra, ya veremos, Samuel, pero vendemos a esos viejitos el último centímetro cuadrado y esta empresa desaparece. No te preocupes, como mi gerente te harás rico. No como yo, pero lo suficiente para que puedas jugar golf el resto de tu vida.
—Señor Donald, un tema que está circulando es que podría haber zombis sobrevivientes.
—Samuel, tú eres quien vive aquí y supongo que sientes miedo. Tienes mi palabra de honor que no volverán a la vida por segunda vez. Cuando fui presidente de los Estados Unidos me cercioré que el químico zombi fuera efectivo, pero también neutralizable con solo una bomba. El problema fue ese tonto general que envió un avión, por la zona equivocada del mundo cuando tenía que dejar caer la bomba en China. Felizmente, igual ganamos la guerra. Recuerda la marca Trump es un sinónimo de calidad.


Donald John Trump, empresario acaudalado, egocéntrico, sagaz y polémico, nació el 14 de junio de 1946 en Nueva York. Tomando como punto de partida la exitosa empresa inmobiliaria de su padre, logró abrir su propio camino en el mundo de los bienes raíces, expandiéndose luego a otros rubros. El rascacielos Trump Tower fue inaugurado en 1982 en Nueva York. Continuó poniéndole su apellido a sus proyectos posteriores, convirtiendo a este en una marca. Luego de sus agresivos discursos hacia sus adversarios políticos, y contra todo pronóstico, fue elegido como el presidente número cuarenta y cinco de los Estados Unidos.